La familia de las crucíferas (brócoli, coliflor, col, coles de bruselas, rábanos, repollo, grelos) presenta muchos beneficios para nuestra salud, pero quizás la más importante es su acción anticancerígena : más concretamente del cáncer de mama, útero,próstata y de óganos internos como el hígado, riñones, colon e intestinos.

Las sustancias anticancerosas que contienen son el sulforafano y el indo3-carbinolEvitan que las células precancerosas se malignicen provocando su apoptosis (muerte celular programada) e impiden la aparición de nuevos vasos sanguíneos, evitando la progresión del tumor.

En particular, se ha demostrado en un estudio reciente que las mujeres que toman 1 ración al día de crucíferas tienen un 50% menos de posibilidades de sufrir cáncer de mama y las que las consumen 1 vez a la semana tienen un 17% menos de probabilidades de padecer la enfermedad.

¿Y qué pasa con aquellas mujeres que ya tienen cáncer de mama? También se vió que las que consumían estas verduras frecuentemente tenían un 62% menos de posibilidades de morir por cáncer y un 35% de sufrir una recaida con respecto a aquellas que apenas las consumían.

También se demostró en otro estudio que el consumo de 3 ó más raciones de verduras a la semana reducía el riesgo de cáncer de próstata a la mitad.

Además son ricas en BETACAROTENOS, VITAMINA C, SELENIO y VITAMINA E, todos ellos potentes antioxidantes que ayudan a prevenir y reparar el daño celular producido por los radicales libres. Estas propiedades antioxidantes ayudan a eliminar las toxinas, radicales libres y el ácido úrico, purificando la sangre y piel.

Para poder beneficiarnos de sus propiedades anticancerígenas es recomendable que se consuman un mínimo de 3 veces por semana y hay que evitar cocinarlas a altas temperaturas por tiempos prolongados, ya que sus compuestos anticancerígenos (sulforafano y indo3-carbinol) se destruyen con facilidad. NO se debe utilizar NUNCA el MICROONDAS para cocinarlas o calentarlas ya que en otro estudio se vió que se destruyen sus compuestos anticancerígenos. Lo ideal sería comerlas crudas, aunque debido a la gran cantidad de gases que producen lo más recomendable es cocinarlas al vapor o en un wok.